Yo no sé como llegó pero igual que el tiempo de calor aparece en abonos tipo Coppel.Y ni modo, así masca la iguana, el cuero se va arrugando aquí y allá, menos el del escroto con el que ya se nace asi, y ni hablar. Cabresteas o ti orcas, como decía mi jefa. ¡Los análisis! Laboratorios. Glucosa. ¡La presión! ¿Qué dice aquí? ¿Cuál es el máximo? ¿Qué es el nitrógeno uréico? La creatinina, el laberinto, que no es el grupo de la .Euterpe del Jónico. En fin, todo va cambiando en ralentí; desconoce uno la nueva música, el netflix con sus series, se espanta uno hasta los huesos con el juego del camarón. Y ya no agarra onda alguna como no sea con pies de página y el apoyo enano de los nietos.
Algunos inquietos le entramos al celular con ayuda del Youtube y de San Google, otros siguen con el terror en los ojos y las pestañas paralizados por el demonio de la tecnología milenial y lo que les cuesta salir de la zona de confort y sus dominios largamente utilizados con certeza, donde su bola de manteca, quiero decir el cerebro, registran los últimos traspiés; las .bisagras rodillares.
Se han anquilosado y con una barriga intolerable nos duelen como astillas de bambú bajo la uñas, el tres en uno para eso no se ha inventado y diclofenaco tras diclofenaco, celebrex tras celebrex, meloxicam tras paracetamol, nomás por citar cuatro, la silla de ruedas y la andadera acechando, los psiquiatras se van de raya con los trastornos de ansiedad, depresión mayor hasta llegar a von Alzheimer, donde hoy día la mano de la medicina científica poco puede hacer, pero quien sabe si mañana sí; por lo pronto, como dijo el memín del Sergio, nos urge un GPS que no nomás nos diga que ya llegamos al sitio que marca la aplicación sino que también nos recuerde a qué íbamos.