Ramón Ayala, leyenda musical
Juan Rodríguez Flores / La Opinión
Sábado 26 de Enero de 2008
Aunque es una leyenda viva de la música norteña, Ramón Ayala actúa como si no lo fuera. Por eso es que cuando alguien le recuerda el sitio que ocupa en la cultura popular mexicana muestra una amplia sonrisa, apunta hacia el cielo, y dice que todo se lo debe a Dios.
El veterano acordeonista, cantante y compositor hizo un breve recuento de sus 45 años de carrera artística, durante la cual tiene grabados más de 102 discos hasta el momento.
Hijo de una familia de escasos recursos económicos, Ramón Ayala nació y creció en la colonia Argentina, de la ciudad de Monterrey, Nuevo León. Fue ahí donde a los 5 años de edad recibió como regalo, de parte de su padre, un acordeón.
"En mi familia siempre hubo quien se dedicara a la música. Por eso yo digo que es algo que traía en la sangre desde el día que nací", comentó Ayala. "No tuve ninguna dificultad en aprender a tocar el acordeón, creo que tardé un poquito más de una semana en hacerlo. Mientras crecía fui aprendiendo a conocer todos sus secretos. Desde hace mucho tiempo él y yo somos inseparables".
Siendo apenas un adolescente, en una cantina ubicada en la ciudad de Reynosa, Tamaulipas, Ramón Ayala tuvo la oportunidad de conocer a otro muchacho de su edad llamado Cornelio Reyna, con el que poco tiempo después formó el legendario grupo Los Relámpagos del Norte.
"Cornelio y yo trabajamos juntos de 1961 a 1971. Recuerdo esa época como una de las más bonitas que he vivido", dijo Ayala. "Los dos nos entendíamos muy bien y a la gente le gustaban mucho nuestras canciones y la forma en que tocaba el grupo. Eran tantas las personas que iban a vernos que muchas veces llegué a asustarme, porque en esa época no creía yo que la música norteña pudiera llegar a ser tan popular. Cuando Cornelio Reyna me dijo que iba a seguir por otro rumbo, él solo, tomé la decisión de hacer mi propio grupo, al que le puse Los Bravos del Norte, con el que ya tengo más de 30 años trabajando".
Testigo de los cambios que han ido experimentando tanto los grandes medios de comunicación masiva como la actitud del público hacia la música norteña, Ramón Ayala comenta que "ahora ya no es igual que antes, cuando nosotros empezamos. Entonces se decía que lo que nosotros tocábamos podía escucharse solamente en las cantinas".
"Lo que pudimos hacer Cornelio Reyna y yo con Los Relámpagos del Norte fue modernizar lo que era en ese momento la música norteña. Con el estilo que teníamos de cantar, junto con los temas que componíamos y la forma en que yo tocaba el acordeón, le pudimos dar a nuestra música un toque muy diferente y eso le gustó mucho a la gente. De ahí para acá el género norteño empezó a tomar un tremendo auge dentro y fuera de México".
"Aquí mismo, en Estados Unidos, cada día hay más personas que escuchan música norteña", continúa. "Esto ha servido para que sigan formándose nuevos grupos, a los que ahora se invita a participar en programas de televisión y radio sin ningún problema".
Acostumbrado a ofrecer entre 60 y 70 conciertos al año, Ramón Ayala señala, como clave de su éxito, al respeto y la disciplina con la que él y los demás miembros de Los Bravos del Norte asumen la relación que tienen con la música.
"Desde que empezamos, siempre hemos seguido un camino muy recto dentro de nuestra carrera", aseguró Ayala. "Por ejemplo, a ninguno de nosotros le gusta llegar tarde a los eventos donde vamos tocar. Hacemos todo lo posible por quedar bien con el público y complacerlo en lo que nos pide".
"Muchas veces andamos enfermos, pero de todas formas nos presentamos. Cuando le explicamos eso a la gente, sentimos que nos comprenden y aceptan nuestras disculpas. Yo soy una persona agradecida, y entiendo que todo lo que soy se lo debo tanto a Dios como a quienes me han apoyado durante 45 años".
En referencia a los sangrientos incidentes en los que se han visto involucrados algunos artistas mexicanos, durante los últimos meses, Ramón Ayala describió como "un desorden generalizado y de arriba para abajo" lo que ocurre en México.
"La verdad es que la gente anda muy asustada, y como nuestra música le gusta a todo tipo de personas suceden hechos que, a veces, uno no alcanza a explicarse por qué ocurren", indicó Ayala.
"Yo no pienso que cantar música norteña sea peligroso, todo depende de lo que uno se decida a cantar. Quienes eligen grabar e interpretar puros corridos de narcos, tráfico de drogas, y esto y lo otro, tarde o temprano terminan por meterse en algún problema. Cuando uno canta cosas relacionadas con el amor y el gusto por la vida, y que no ofenden a nadie, no hay razón para preocuparse".
Según Ramón Ayala, en la música norteña los inmigrantes mexicanos (y latinos en general) encuentran "aliento y fuerzas" para seguir luchando por alcanzar una vida mejor.
"Siento eso porque, yo mismo, en mi vida personal, cuando paso por momentos difíciles, siempre logro encontrar consuelo en la música. Creo que para nuestra gente la música norteña no es solamente pura diversión, sino más bien algo que le hace sentir muchas esperanzas".