China ha dado una respuesta drástica a Donald Trumpo: un arancel del 34% a los productos estadounidenses, lo que iguala la tasa que Washington impuso previamente sobre las importaciones chinas.
Uno de los movimientos más estratégicos de China en esta guerra comercial fue restricción de exportaciones de tierras raras, un conjunto de elementos esenciales para la fabricación de dispositivos electrónicos, vehículos eléctricos y equipos militares. Según The New York Times, el Ministerio de Comercio chino impuso un sistema de licencias para la venta de siete de estos elementos, lo que afectará directamente a la industria estadounidense.
El impacto de esta decisión podría ser devastador para sectores clave de Estados Unidos. La producción de baterías para autos eléctricos, la industria aeroespacial y el desarrollo de armamento dependen en gran medida del suministro chino de estos materiales.
El país asiático actualmente produce aproximadamente el 90% de las tierras raras refinadas del mundo y Estados Unidos importa la mayor parte de estos elementos desde el país asiático, según Reuters. El mismo medio señala que los controles no solo afectarán a Estados Unidos, sino a todos los países, lo que otorga a Pekín el poder de decidir a quién presionar económicamente.
Trump responde al gobierno chino y los analistas se preocupan
La reacción de la administración Trump no se hizo esperar. El presidente publicó en Truth Social:
"China jugó mal, entraron en pánico, ¡lo único que no pueden permitirse hacer!"
Sin embargo, los analistas que han citado medios importantes de Estados Unidos, sugieren que la estrategia de Pekín es más calculada y que el país asiático se encuentra en una posición de fuerza en esta guerra comercial. Jude Blanchette, director del Centro de Investigación RAND sobre China, declaró a The New York Times:
"Pekín ya no puede mantener la ficción de que el diálogo diplomático con la administración Trump evitará una guerra comercial a gran escala"
Además, enfatizó que las represalias chinas eran inevitables y que la Casa Blanca enfrenta ahora un dilema complicado: intensificar aún más las restricciones o intentar negociar con un adversario que ya ha demostrado estar preparado para el conflicto.