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Cuando uno visita las regiones por donde se supone el río Yaqui pasa para desembocar en el mar, se percibe no solamente la falta de vida que poco a poco se apodera de esas regiones sino la gran inmensidad de intereses económicos que se entrelazan con la negativa a brindarle al torrente su famosa "carga ecológica", por lo menos. Siempre se nos ha dicho que "el agua es vida" y uno está de acuerdo en que debe ahorrarse para mejores tiempos, pero al Valle del Yaqui los acuerdos entre los poderosos de la iniciativa privada y el gobierno, durante muchos años le han privado de muchos beneficios por el solo hecho de impedir que el líquido corra a lo largo de su cauce aguas abajo de la presa Álvaro Obregón. Una cosa es la modernidad y el progreso, a lo que tanto se alude en los discursos, y otra es eliminarle a una región su capacidad de desarrollo en función de limitarle un bien natural que le es propio y no exclusivo de una clase dominante enquistada en las instituciones y los organismos agrícolas. Según nos han enseñado, la cuenca del río Yaqui es de aproximadamente 71 mil 500 kilómetros cuadrados, con una precipitación media anual de 527 milímetros. En aras de una producción agropecuaria sustentable y también por protección de los habitantes de la rivera del río, a lo largo de los años fueron construidas las presas La Angostura, El Novillo y El Oviáchic, cuya capacidad de almacenamiento es de siete mil 168 millones de metros cúbicos, si la memoria no me falla. Estudios realizados durante muchos años indican que el escurrimiento del río Yaqui es de tres mil 570 millones de metros cúbicos en promedio anual, y "cerca de su desembocadura, a la altura de la presa Álvaro Obregón, fluyó libremente hasta 1941 cuando fue parcialmente interceptado por la presa La Angostura, en 1952 por la presa Álvaro Obregón y en 1965 por la presa Plutarco Elías Calles. Con datos de diversas fuentes ha sido posible reconstruir el escurrimiento medio anual desde 1909. Una línea de tendencia con curva de grado 3, evidencia el efecto de la regulación de las presas a lo largo de casi un siglo, mostrándose la reducción de la disponibilidad del recurso en la cuenca, agravado por el efecto de las sequías de la última década. El valor medio en este periodo se ha estimado en 3 131 Mm3". Eso es lo que ha provocado la desaparición de muchas especies de la flora y fauna regional, aunque los "sabiondos" de la Comisión Nacional del Agua digan que no es necesario un "gasto ecológico" para el río porque los drenes agrícola cumplen con esa función, a pesar de que ya sabemos de antemano que esa carga del líquido va directamente al mar. Hoy, más allá de intereses económicos o político electorales, es necesario que los diversos sectores de la región se asesoren con los expertos y en un frente común pedirle a la Gobernadora del Estado que encabece la lucha por rescatar el río Yaqui. Eso incluye no solamente el detener el trasvase del agua entre una y otra cuenca en tiempos innecesarios sino también corregir la política de evitar el gasto ecológico tanto para este río como para muchos otros a los que se ha condenado a la evaporación, literalmente hablando, de su desarrollo económico y social, con tal de estar bien con los sectores poderosos de cada región. A través de esta acción habría un funcionamiento adecuado del río y en consecuencia se regenerarían los humedales de la costa, las plantas a lo largo del cauce volverían a crecer y habría un incremento notable de aves y peces en toda esa zona. Es decir, habría vida. Esa vida que el agua brinda. Y, por supuesto, mejorarían las condiciones para practicar un turismo ecológico adecuado, que permita a una gran parte de los habitantes de la zona mejorar sus niveles de bienestar. Si eso es mucho pedir, pues entonces dejemos que la región siga muriendo poco a poco. Ojalá no reaccionemos demasiado tarde. Para cualquier comentario: franciscogonzalez.bolon@gmail.com
Francisco González Bolón
Rescate del río Yaqui
Por Francisco González Bolón
Cuando uno visita las regiones por donde se supone el río Yaqui pasa para desembocar en el mar, se percibe no solamente la falta de vida que poco a poco se apodera de esas regiones sino la gran inmensidad de intereses económicos que se entrelazan con la negativa a brindarle al torrente su famosa "carga ecológica", por lo menos. Siempre se nos ha dicho que "el agua es vida" y uno está de acuerdo en que debe ahorrarse para mejores tiempos, pero al Valle del Yaqui los acuerdos entre los poderosos de la iniciativa privada y el gobierno, durante muchos años le han privado de muchos beneficios por el solo hecho de impedir que el líquido corra a lo largo de su cauce aguas abajo de la presa Álvaro Obregón. Una cosa es la modernidad y el progreso, a lo que tanto se alude en los discursos, y otra es eliminarle a una región su capacidad de desarrollo en función de limitarle un bien natural que le es propio y no exclusivo de una clase dominante enquistada en las instituciones y los organismos agrícolas. Según nos han enseñado, la cuenca del río Yaqui es de aproximadamente 71 mil 500 kilómetros cuadrados, con una precipitación media anual de 527 milímetros. En aras de una producción agropecuaria sustentable y también por protección de los habitantes de la rivera del río, a lo largo de los años fueron construidas las presas La Angostura, El Novillo y El Oviáchic, cuya capacidad de almacenamiento es de siete mil 168 millones de metros cúbicos, si la memoria no me falla. Estudios realizados durante muchos años indican que el escurrimiento del río Yaqui es de tres mil 570 millones de metros cúbicos en promedio anual, y "cerca de su desembocadura, a la altura de la presa Álvaro Obregón, fluyó libremente hasta 1941 cuando fue parcialmente interceptado por la presa La Angostura, en 1952 por la presa Álvaro Obregón y en 1965 por la presa Plutarco Elías Calles. Con datos de diversas fuentes ha sido posible reconstruir el escurrimiento medio anual desde 1909. Una línea de tendencia con curva de grado 3, evidencia el efecto de la regulación de las presas a lo largo de casi un siglo, mostrándose la reducción de la disponibilidad del recurso en la cuenca, agravado por el efecto de las sequías de la última década. El valor medio en este periodo se ha estimado en 3 131 Mm3". Eso es lo que ha provocado la desaparición de muchas especies de la flora y fauna regional, aunque los "sabiondos" de la Comisión Nacional del Agua digan que no es necesario un "gasto ecológico" para el río porque los drenes agrícola cumplen con esa función, a pesar de que ya sabemos de antemano que esa carga del líquido va directamente al mar. Hoy, más allá de intereses económicos o político electorales, es necesario que los diversos sectores de la región se asesoren con los expertos y en un frente común pedirle a la Gobernadora del Estado que encabece la lucha por rescatar el río Yaqui. Eso incluye no solamente el detener el trasvase del agua entre una y otra cuenca en tiempos innecesarios sino también corregir la política de evitar el gasto ecológico tanto para este río como para muchos otros a los que se ha condenado a la evaporación, literalmente hablando, de su desarrollo económico y social, con tal de estar bien con los sectores poderosos de cada región. A través de esta acción habría un funcionamiento adecuado del río y en consecuencia se regenerarían los humedales de la costa, las plantas a lo largo del cauce volverían a crecer y habría un incremento notable de aves y peces en toda esa zona. Es decir, habría vida. Esa vida que el agua brinda. Y, por supuesto, mejorarían las condiciones para practicar un turismo ecológico adecuado, que permita a una gran parte de los habitantes de la zona mejorar sus niveles de bienestar. Si eso es mucho pedir, pues entonces dejemos que la región siga muriendo poco a poco. Ojalá no reaccionemos demasiado tarde. Para cualquier comentario: franciscogonzalez.bolon@gmail.com www.nainaridigital.com |
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