Dice un viejo adagio boxístico: Aquéllos que se fueron ya no regresarán…
Palabras que podrían escribirse como epitafio del boxeo que creó figuras de la talla de un Joe Luis, Jack Dempsey, de los Rocky Marciano, Clay - Alí e incluso de Mike Tyson, cuya fiereza lo convirtió en la última gran leyenda del cuadrilátero.
Quién sabe si el uzbeko Ruslan Chagaev, actual campeón mundial de peso pesado, tenga la talla ya no digamos de los antes citados, sino de un Floyd Patterson, de un Oscar Bonavena o Joe Frazier. Se antoja difícil, aunque uno podría pensar que la opacidad de Chagaev se debe en parte a que no es un púgil norteamericano y por lo tanto no tiene todo el aparato de marketing que acompaña a los boxeadores gringos.
Pero aún sin eso, o con eso, no aparecen en el horizonte de los pesos pesados figuras que hagan vibrar el cuadrilátero y motiven la emoción de millones de aficionados, como lo hicieron en su tiempo los clásicos, desde el “Bombardero de Detroit” al agresivo Tyson.
Atrás, como episodios de una historia que no se repetirá nunca más, quedaron las noches mágicas de peleas memorables como la de Alí – Foreman, recreada en su momento por el fajador Norman Mailer, atrás se quedan las leyendas de Dempsey y Louis, de Marciano y Moore… Nombres gloriosos, legendarios, referencias inevitable de una época, la que cada uno construyó.
Hoy los campeones de peso pesado pelean, sufren, disfrutan sus victorias y lloran sus derrotas, pero no conmueven a nadie.
En este momento el boxeo reclama el surgimiento de una figura legendaria, que despierte pasiones…. Pero aquéllos que se fueron ya no regresarán.
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