La sinceridad de AMLO, sin la mínima mancha de duda
Carlos MONCADA OCHOA
Martes 26 de Enero de 2021

NAMAKASIA

El problema de un aspirante a candidato que va a buscar apoyo al palacio de gobierno es que si lo mandan de a lucas, no entienda si lo envían a ver a De Lucas, el presidente del PRI, o de a lucas, sin mayúscula.

Es innoble tratar de hacer chistes con la salud de cualquier ser humano, y sobre todo, la del Presidente de la República. Es innoble propalar que no dice la verdad al informar que ha sido contagiado. ¿Pero qué podemos hacer? No se puede exigir nobleza a las cucarachas, cuando mucho, espantarlas con una ráfaga de insecticida. Aplastarlas con el zapato, no: el hedor quedaría adherido a la suela.

En enero de 1988, antes de cumplir la primera mitad de su mandato, el gobernador Rodolfo Félix Valdés sufrió una trombosis que le afectó el habla y ciertos movimientos, y realizó múltiples maniobras para que el pueblo sonorense no se enterara. Muchos años después, en una entrevista con Gisela Arriaga, reconoció que había estado enfermo pero, dijo, “sentía que se pudiera tomar como una debilidad y decidí ocultarlo”. La debilidad consistió precisamente en no armarse de valor y decirle a la gente la verdad.

Por lo que toca al Presidente AMLO, el más franco que ha ocupado el Poder Ejecutivo en la historia de México, las cucarachas que ahora insinúan que finge estar contagiado, son las  mismas que se han quejado de que en las conferencias mañaneras es demasiado abierto y no oculta hechos, planes y acciones.

Por cierto que está realizando un buen relevo en las mañaneras la secretaria de Gobernación Olga Sánchez Cordero. Sólo le falta controlar a la tropa para que la dejen irse cuando ella lo anuncia; no se ha salvado de que le formulen tres o cuatro preguntas adicionales cuando se dispone a marcharse.  

 

Otro llamado a mis colegas

La semana pasada pedí a mis compañeros periodistas que mantienen comunicación directa con su público, sobre todo los de noticiarios de radio y televisión, que ayuden a orientar mediante la simple aplicación de la lógica a quienes plantean preguntas o dudas que, si no se aclaran de inmediato, pueden despertar desconfianza entre otros oyentes ingenuos.

Una señora habló ayer a uno de dichos programas y preguntó, con tono de susto, al enterarse de que otros millones de dosis llegaban a México para continuar con la vacunación: ¿Y las habrán probado?

El periodista debería haber respondido en el acto: ¡Claro que las prueban, señora! ¿Cómo se le ocurre a usted que el gobierno va a gastar millones de pesos sin asegurarse de que está probada la eficacia de esas vacunas? Es un asunto de rutina.

Es más. ¿Cree usted que los grandes laboratorios en donde se fabrican no las prueban no una sino varias veces? Son científicos responsables. Ni siquiera tiene que pedirles alguien que las pruebe porque el proceso normal de fabricación, para considerarse concluido, implica la prueba de eficacia.

En lo personal, cuando me entero de que le preguntan al ciudadano si quiere o no quiere vacunarse, no comprendo que pueda haber alguno o algunos que digan que no. ¡Va de por medio su vida y la seguridad su familia! Quien sepa de uno de esos renuentes, dígale que no la riegue, que no haga el ridículo..

carlosomoncada@gmail.com

 
 

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