La mayor parte de la república mexicana “está gobernada” por MORENA. Muchos aseguran que esto es por azares del destino, otros que por el fenómeno AMLO.
Ellos, los gobernantes, hoy en día pretenden montados en el tranvía llamado cuarta transformación seguir en su viaje feliz.
¿Y que tiene, -dirán muchos- que todos los que ocupan un puesto de elección popular pretendan reelegirse?. Si lo hacen, lo más probable es que ya han consensado con los dirigentes de su partido, también con sus gobernados y estos hayan avalado sus pretensiones.
Hoy en día la mayor parte de quienes usufructúan los puestos de Gobernadores, diputados federales, diputados locales, senadores etc. manifiestan que en sus encuestas tienen los números que les dan la confianza de alcanzar de nuevo el triunfo. Si así fuera, entonces los viejos partidos como Acción Nacional, Partió Revolucionario Institucional, Partido de la Revolución Democrática, Partido del Trabajo, Partió Verde Ecologista Mexicano, Movimiento Ciudadano, y las nuevas concesiones como el Partido Encuentro Solidario, Fuerza Social Por México, Redes Sociales Progresistas, además de quienes se aventuran a alcanzar un puesto de elección popular por la vía independiente estarán en estas campañas electorales nada más derrochando el dinero de los mexicanos y derrochando sus esfuerzos
MORENA tal vez fue y sea el partido de la esperanza, sin embargo parece ser que también hoy en día es el partido de la ilusión en donde el grueso de quienes se arriman a él, no es por convicción ni de afinidad de ideas, en donde lo más probable es que más de uno de los que busca asilo en él, no conozcan ni su doctrina.
MORENA con su cuarta transformación y de acuerdo a su creador, busca o buscaba un cambio en la sociedad mexicana, cambio que no sea a través de las armas, como fueron los tres anteriores. Sin embargo, ellos están dando un muy mal ejemplo cuando no se apegan a uno de los principios por lo que según se dice va la cuarta transformación. La no reelección.
La relección es mal ejemplo, es el primer paso hacia la dictadura. Así empezó aquel a quien más critican, cuando creyó que era indispensable, necesario; él decía, vamos bien, pero terminó por descarrilarse y termino mal, termino en el destierro.
Pudiera pensarse y así se manifestó, que al legislarse para que se diera la reelección en todos los puestos de elección popular se estaba dando un gran paso en torno a la democracia. Quizá también con esto se esté dando pie al nacimiento de un monstruo que tal vez después nadie pueda controlarlo.
Contaba un ex legislador del congreso local, que para ellos, para los regidores en los ayuntamientos y para los alcaldes, el año más difícil es el cuarto año; Para los gobernadores, senadores y presidente de la república es el séptimo.
El poder es adictivo, quien lo tiene quiere más y luego lo quiere por más tiempo. Los grandes dictadores fueron luchadores de la democracia y de poco a poco fueron perdiendo sus principios ideológicos, sus convicciones, su moral y no se dieron cuenta, ni ellos ni los que los rodeaban cuando empezaron a tener principios de locura. La historia ahí está, es cuestión de buscarla.
Los principios esenciales de la revolución mexicana sé que están perdiendo.
El plan de San Luis Potosí y el lema de Francisco Ignacio Madero, el padre de la democracia, al parecer no cuentan para los morenitas. Hoy, los legisladores, los gobernadores, alcaldes, todos se sienten dignos para reelegirse, olvidándose del principio que dio origen a la tercera transformación.
Utópicamente si se logra la relección de todos los morenistas que pretenden hacerlo, montados en el tranvía de la ilusión y de la ambición, la cuarta transformación será manchada; tendríamos en cada uno de los reeleccionistas, la reencarnación de aquel personaje “que tanto odian y critican”, pero que en la práctica es su modelo a seguir.
Para llegar a “la cuarta te”, es necesario transitar por la tercera.