Los árboles
Armando Terán Ross
Miércoles 20 de Octubre de 2021

Alguna vez los árboles caminaron. Se mudaban de una región de sequía a otra de ríos y canales. Sus brazos nunca fueron usadas para pelear entre ellos o con otras especies, ni sus raíces para crear socavones ni pantanos bajo la tierra.

Sus extremidades seguían el algoritmo de la savia: ir tras el sol con sus hojas orientadas por sensores vegetales para enfocar  hacia el astro rey la cara satinada de las mismas y: ¡Shazam!, ¡fotosíntesis! 

Pero con la aparición del Honorable Sapiens,  los árboles decidieron sentar cabeza y no volver a caminar. Pensaron que sus bondades como limpiar el aire y ser un refugio seguro para las aves los obligaba a permanecer siempre en el mismo lugar.  Así, los Sapiens, las aves y cualquier otro ser vivo sabrían entonces dónde encontrarlos siempre, tal y como sucede en los oasis de los desiertos. Su simiente viajaría  con el viento y la lluvia, y las necesidades de los humanos  los harían florecer en otros lugares para alimentarse con sus frutos. 

Pero con los siglos llegó el progreso, la voracidad desaforada del poder, la estupidez infinita, y los árboles no pudieron huir para salvarse. Los nuevos dueños del planeta talaron selvas inmensas, envenenaron el aire y las aguas de los ríos, y convirtieron los grandes  lagos en desiertos. Entonces, los árboles no tuvieron otra opción que morir de pié sobre sus raíces.

 

 

 

 
 

Copyright © 2006-2025. Todos los Derechos Reservados
InfoCajeme
www.infocajeme.com