Un día de 2020, mientras Federico Godínez acampaba en el desierto de Altar, en Sonora, miró que las nubes que amenazaban con lluvia se desplazaban hacia el lado norte del muro fronterizo, es decir, hacia los Estados Unidos.
Su presencia ahí no era casualidad, pues hasta 2017 Godinez había sido director de la reserva de la biosfera del Pinacate y el gran desierto de Altar. Ese año decidió jubilarse después de 13 años de trabajo y comenzó a actuar desde la sociedad civil con la fundación Magool, dedicada a la conservación y protección del berrendo sonorense y el borrego cimarrón, especies endémicas de la región.
«Hemos notado que la falta de lluvias se ha agravado en los últimos años, particularmente desde 2020», dice Federico preocupado, pues la falta de lluvias afecta directamente el abastecimiento de las fuentes de agua con las que la fauna silvestre sobrevive en medio del desierto.
«Esto podría estar siendo influenciado por las actividades humanas», advierte.
«Durante este tiempo hemos notado que, cuando se presentaban nubes sobre nuestra región, estas se desplazaban hacia el norte, hacia el lado estadounidense, y comenzaba a llover torrencialmente justo después de cruzar el muro. Al principio pensamos que era una coincidencia, pero luego observamos aviones –especialmente avionetas– sobrevolando la zona antes de que esto ocurriera».
Las avionetas que observó Federico volaban del lado de los Estados Unidos, y realizaban un proceso conocido como siembra de nubes, que no es otra cosa sino la esparción de yoduro de plata sobre el cielo para atraer las nubes hacia un lugar específico, y con esto, generar lluvias en un lugar estratégico.
Esto, afirma Federico, «está afectando la cantidad de lluvia que cae sobre el sur de la frontera y ha hecho más difícil la situación para la fauna local», la cual, de por sí, ya era difícil por la construcción del muro.
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