Desde la conquista de México, la Independencia; desde la época revolucionaria y postrevolucionaria, la población de nuestro país, desde punto de vista socio político, ha estado polarizada. Entendiendo por polarización, el proceso por el cual la opinión pública se inclina hacia los extremos, esto desde el punto no solo político. Desde el punto de vista sociológico y económico, la división entre los que más tienen, refiriéndose, a los bienes y servicios y los que menos tienes, son evidentes (las sempiternas clases sociales y sus niveles); estos últimos, aunque aquellos no están exentos (los del poder económico) pueden ser fácilmente manipulados por el Poder Político. Esté –poder político- desde el punto de vista filosófico político, es concebido, como la capacidad que tiene UN individuo o un grupo de modificar la conducta de otros individuos o grupos. De acuerdo a sus intereses – agrego.
Bien lo refiere, Jorge Yarce, Presidente del Instituto Latinoamericano de Liderazgo, articulista del Diario la República de Colombia (6 de enero 2018), que, de la polarización, solo puede esperarse el ahondamiento de las diferencias. Los grupos que conforman los extremos, no hay dialogo conciliador, solo insultos permanentes y acciones de exclusión, por parte de los de “izquierda, como los de la derecha”. Hay un comportamiento sedicioso –agrega-, de sublevación de pasiones, en ambos bandos. Para algunos, esto es más evidente en los seguidores del grupo en el poder. No es exclusivo de estos tiempos, ni de un solo País.
Si bien, decíamos, la polarización ciudadana ha persistido desde siempre; tal parece, que ahora esta polarización se está induciendo desde el mismo gobierno de la República, no solo desde las comparecencias mañaneras del Presidente, en los discursos de sus giras y ahora en el Informe oficial (aunque ha dado cuatro, el líder de la cuarta), a la Nación (al Pueblo “suyo de él”, diría un citadino ex Defeño”). A parte de sus logros, que hay que reconocer; como el aumento al salario mínimo, el retiro de las pensiones a los expresidentes, disminución (más no el control real) del Huachicoleo, la ayuda a los pobladores de los pueblos originales (no indígenas, presidente), apoyo a los adultos mayores con una aportación a su pensión (la tengan o no), el programa (por cierto acotado en su mala organización) de jóvenes construyendo el futuro, entre otros de los 100 programas de gobierno (que según informó, se han cumplido en un 89%) por lo que el presidente dijo “sentirse, muy feliz, feliz, feliz”. No importa que la inseguridad siga aumentando (ese día hubo 127 asesinatos en el País) y el crecimiento económico, sea en este primer año de su gobierno, CERO.
Anunció la construcción de una patria nueva y que para el siguiente año – 2020- los cambios serán “IRREVERSIBLES” –informó-, el País tendrá nueva Constitución. Algunos, nos preguntaremos ¿Le cambiará el nombre a nuestro País: tal vez “República del Es-Pejismo”? A pesar de ser -dicen- un conocedor de la historia, se ha olvido que los cambios de las sociedades, es una constante de este mundo en que vivimos, que nada es eterno – ni él - ¿desconoce, acaso el Presidente, que lo que ahora es un paradigma, mañana o con los años, se puede volver obsoleto? Esto ha sucede en la ciencia, con más razón sucede en política. Cierto reconoció, retóricamente que, en seguridad y economía, son DOS temas pendientes. Olvida que la sociedad, lo que quiere es la garantía de la PAZ, de la reconciliación; no las confrontaciones que polarizan y que, sin lugar a dudas, desde su “pulpito” las ha “promovido”. “Quizás, como el Chavo del Ocho”, sin querer queriendo, y cuando quiero, quiero con su “me canso ganso” (o sea a wiwi).
Las dos marchas que se realizaron el día primero de diciembre pasado en la Ciudad de México, fueron la evidencia de la polarización ciudadana.
Una, aunque no marcha en sí, a la que acudieron los simpatizantes y fanáticos de nuestro Presidente, con una multitudinaria concentración en el Zócalo, sin importar las opiniones si hubo o no acarreos (métodos bien aprendidos por todos los Partidos, enseñanza del PRI), los costos y si hubo pago o no. Esto cada quien, a su conciencia, en un acto de contrición. Los muchos que acudieron, le hicieron el día al Presidente. Se sintió feliz. ¡Qué bien!
Creo que olvidó, como todos los expresidentes, que, aunque no lo voto el 50% más uno del Padrón Electoral, que son aproximadamente 90 millones, y si bien es cierto, fue el más votado, con 30 millones,
60 millones no votaron por él (hayan o no acudido a votar); olvidó que es el Presidente de todos y que ya no está en campaña electoral (¿Oh sí, para la revocación del mandato el 2021? A menos que por eso sea). En lo que sí, todos estamos de acuerdo con el Presidente, es en el combate a la corrupción, menos los corruptos, no están de acuerdo. Ojalá logre erradicarla. Que empiece volteando a sus lados. Tal vez Tenga Usted otros datos.
La otra marcha, también multitudinaria, se quiera o no, con razón o sin ella no están de acuerdo con la forma de gobierno. Como comentó Macario Schettino, “no todos le creemos al Presidente”. Tenemos la libertad de creerle o no creerle. La inmensa ola de manifestantes que inició en el Angel de la Independencia hasta el Monumento a la Revolución. Los manifestantes alzaron sus voces, pidiendo la renuncia de López Obrador, quizás se escuchó algo parecido, parodiando, en otra marcha, por la familia, hace 3 años contra Peña Nieto: “no somos 10, no somos 1020, cuente bien ser Presidente”. No menos…un chingo.
Uno de los oradores, de la familia Lebaron, entre otros, afirmaron que la ciudadanía quiere un País en paz, “…México ha perdido el respeto por la vida, porque ha perdido la capacidad de sentir…”
Las izquierdas o derechas de antaño, opositores al gobierno de entonces, eran los extremos de la polarización ciudadana, que por muchos años fueron reprimidos por las autoridades. Hoy persiste, aunque con “otro tipo de gobernante” la misma polarización. No se ve nada nuevo bajo el sol. No hay entendimiento ni dialogo armonioso. La sociedad en general está como el jamón del sándwich, en medio y confrontada, con un gobierno que, en lugar de conciliar, incita a que la polarización aumente ¿Para qué, tiene algo de fondo, esta forma de gobernar?
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