En la masa ciudadana corrió la molestia, elevada en muchos a indignación, ante el rumor de que Roberto Romero, secretario de gobierno de Guillermo Padrés, había sido nombrado para un puesto importante en el equipo del gobernador Durazo. Éste lo negó y aprovechó la oportunidad para opinar que no todos los colaboradores de un jefe corrupto son también corruptos
Eso es verdad, pero hay que indicar que Romero sí lo fue. Cuando se empeñaban en ablandar a los cajemenses para que apoyaran la construcción del acueducto, Roberto Romero anduvo por el Valle del Yaqui (con escolta, claro) ofreciendo sobornos como primer intento, y como segundo, intimidando a los que se resistían a firmar de acuerdo (los datos de fechas y nombres de los denunciantes, en las páginas 106 y 107 de mi libro “Asalto a Sonora”).
Comenzado el sexenio de Claudia Pavlovich, que fingió que tenía muchas ganas de procesar a Padrés y socios, pero nada más fingió, se dictó orden de aprehensión contra Roberto Romero por no haber comprobado el destino de algo más de 90 millones de pesos que se le entregaron para ayudas sociales. Y como no había manera de comprobarlo, no acudió a las citas de la Fiscalía Anticorrupción y, junto con su esposa, se dieron a la fuga a los Estados Unidos, de donde fueron traídos casi dos años después.
Más datos en mi libro “¿Y Padrés, qué?” página 98 y las que siguen.
En resumen, es cierto que no hay que considerar corruptos a todos los que laboraron con aquel corrupto, pero a Roberto Romero, sí. (Por cierto que nunca he sabido por qué los reporteros le apodaron “El idiota valiente”. A ver si algún compañero me lo quiere explicar para no llevar el pendiente de esta laguna en mi formación cultural)
OPORTUNA ACLARACIÓN
La cantidad que di a conocer como sueldo base y compensación recibida por David Figueroa Ortega por su trabajo como regidor del Ayuntamiento de Hermosillo, no es mensual, me aclara el amigo Marcelino Pérez Arenas (¡gracias!) sino quincenal.
Ya había sentido yo ñáñaras porque la cantidad en cuestión, calculada como mensual, supera notablemente la pensión que recibo por mis 25 años laborados en la Unison y en el Gobierno del Estado, pues ahora que sé que el ingreso es sólo por una quincena, me doy de coscorrones por no haber estudiado para regidor, en lugar de dedicar mi vida al periodismo, la literatura y el Derecho. En mi próxima
reencarnación me dedicaré, sin rodeos, a conseguir una regiduría… siempre que la presidenta municipal no sea la reencarnación de Célida López.
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