NI HABLAR, EL APLAUSO, espero que unánime, para la directora general del Instituto Sonorense de Cultura, que en este tiempo de penuria llevó a buen puerto la Feria del Libro a base de imaginación, voluntad y mucho trabajo. Hubo buenas ofertas en los pabellones (¡stands, tú!), música de los conjuntos que dependen del propio ISC, estreno de libros y buen ambiente. Ahí, firme todos los días, El Estanquillo de las Letras en donde se escucharon voces juveniles y voces no tanto leyendo cuentos, novelas y poesía. Y ni se diga en el callejón Velasco, la actividad concluyó anoche con un homenaje al para siempre bien recordado Nacho Mondaca. Por lo que toca a Paco Ignacio Taibo, tranquilo, ni se acordó que el año antepasado promedió, en Pueblo Yaqui, una librería para esa comisaría y una biblioteca para Ciudad Obregón. Jarabe de pico le dicen a eso.
INVITARÍA AL LECTOR A preguntarnos, si valiera la pena, si la Feria hubiera ganado algo con el apoyo de los periódicos de papel, que casi por completo echaron de sus páginas a la Feria. No creo que haya sido porque ahora no les pagaron anuncio, ¡no, no, no ha de haber sido por eso! Pero que una Feria tenga éxito luego del ayuno cultural obligado en un 20% por la pandemia y en un 80% por la incapacidad de los de la administración anterior, habría movido a periodistas cultos e inteligentes (si los hubiera en los matutinos hermosillenses) a destacar un reportero y un fotógrafo, cuando menos, para que hubiera cubierto diariamente las incidencias de la Feria. Pero no vale la pena preguntarlo porque esos diarios no generan ya interés entre los antiguos lectores. Y además, los periodistas de radio y televisión cumplieron como los buenos con estupendas entrevistas. Se agradece.
MI AMIGO PANCHO GONZÁLEZ, o sea el doctor Francisco González Gaxiola, fue objeto de un homenaje el sábado por la tarde, en una sala de la Biblioteca y Museo, en el marco del XVI Foro de Fomento de la Lectura, por su aportación invaluable con cursos, conferencias, y sobre todo, orientación a los integrantes del grupo de Autobiografía. Que se reconozca el trabajo del maestro a lo largo de los años es justo y explicable, pero en el caso del maestro González hay un bello agregado: el cariño profundo que le profesan sus alumnos y colegas. Y el homenaje no sólo fue de palabras. La laboriosa Sofía Rayas lo llamó al final para que recibiera un regalo, y cuando se iba a su asiento, le pidió esperar porque había otro, y luego otro, flores inclusive. Sin contar el regalo verbal de su hija a través del celular, que todos escuchamos, y el sencillo y profundo discurso de su esposa. Aquí, más que decirle al festejado “muchos homenajes de éstos”, hay que pedir a la Universidad: “muchos maestros como éste”.
Pues dejo como aportación a la Feria del Libro, por mi parte, el Tomo I de La Saga de la Cultura Sonorense 1831-2020, que comprende tres libros, uno sobre la Arquitectura de Sonora, otro sobre Ópera y Teatro, y el tercero, sobre Fotografía y Cine, y uno más, que presenté anoche en El Estanquillo de las Letras: Las claudicaciones de Claudia, enjuiciamiento de las acciones de gobierno de la señora Pavlovich. Los dos pueden adquirirse en el Estanquillo citado los fines de semana, y en la Librería Internacional (por la Colosio, entre Matamoros y Guerrero) a cualquier hora del día. De La Saga faltan otros tres tomos, cada uno con tres libros diferentes. Ojalá los tengamos el año próximo.
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