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Pecamos como el PRI

Carlos MONCADA OHOA
Miércoles 08 de Diciembre de 2021
 

Que perdieron electores y posiciones, declaró el flamante presidente del comité estatal del PAN, Gildardo Real, “porque nos volvimos un PRI”, lo que si no me equivoco quiere decir que los panistas burlaron la voluntad popular, hicieron negocios a la sombra del poder y le metieron la uña mugrosa al presupuesto, entre otras monerías. Aprendieron a pecar como el PRI, ellos, que eran modelo de conducta política.

Si en el pensamiento de Gildardo estaba, como debe haber estado en el pensamiento del reportero que recogía la declaración, el nombre de Guillermo Padrés, debió haber concretado: “nos volvimos un PRI mucho más corrupto”. Recuérdese que en cuanto asumieron el poder en 2009, no sólo Padrés sino toda su corte comenzaron a manotear con tal voracidad, que la voz pública sentenció “Llegaron hambreados”.

Como prototipo de gobernador priista corrupto suele citarse a Carlos Armando Biébrich, pero yo considero que lo fue mucho más Rodolfo Félix Valdés, primero, por haberse hecho del poder mediante el mayor fraude electoral del Siglo XX en Sonora (hicieron ganar al PRI TODAS las posiciones en el Ejecutivo, el Legislativo y los municipios) y por haber incurrido en la criminal cesión de facultades a sus colaboradores de confianza cuando estuvo semiparalizado y sin habla, en suma, imposibilitado para tomar decisiones, en lugar de haber solicitado licencia para curarse. Y siquiera Carlos Armando detentó el poder dos años, pero Félix Valdés nos amoló el sexenio completo.

Los dos partidos andan por el estilo. Lo que hace mucho tiempo se acepta como verdad, y en el supuesto de que hemos llegado a una etapa en la que el voto se respeta, es que los ciudadanos no votan por la cháchara ideológica de un partido, sino por la simpatía o confianza que le inspiran los candidatos.

Hay otro motivo, el de la conveniencia personal, que hace votar al burócrata por el candidato del partido en el poder para conservar la chamba, y la burocracia de un partido (empleados, secretarias, personal de limpieza, choferes) por el candidato de ese partido con la esperanza de mejorar sus ingresos.

Pero generalmente es la personalidad del candidato la que hace ganar, o sea que los partidos deben formar candidatos de limpios antecedentes, preparados para administrar, oradores aceptables, de buena fama pública y privada, y así mejorar sus posibilidades de triunfar en las urnas.

Pero eso no se logra de un año para otro, ni de un sexenio para otro. Si el PAN y el PRI aspiran a recuperar algo del terreno que perdieron (recuperarlo todo es imposible), lo lograrán cuando se conviertan en ciudadanos quienes ahora son niños para que no se acuerden de las tropelías tricolores y azules.

Que le entren a reorganizar y barrer la casa los nuevos dirigentes de esos partidos, pero olvídense de que verán el retorno a lo que fue.

 

¡QUÉ MUNDO!

Me dicen, a propósito de mi comentario de ayer sobre la porción de la placita Hidalgo que las autoridades le quitan al pueblo, que el influyente beneficiado no tiene palancas en MORENA sino que es amigo de Padrés. ¡En que mundo tan cochino vivimos!

carlosomoncada@gmail.com

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