En el Festival de Álamos el público tendrá oportunidad de consultar libros de música y escuchar discos en la Biblioteca Musical que se encuentra en Juárez 2 de aquella población, en el mero centro. Allí está instalado el Centro Comunitario Nelita Bours. Hace año y medio doné a ese Centro la discoteca que fui formando a lo largo de unos 60 años y que estuve utilizando para mi goce personal.
En vísperas de cumplir 90 años reflexioné en que pronto me iré al cielo (¡oh iluso!) y decidí donarla para que más gente escuchara música clásica y ópera y leyera los libretos operísticos en el idioma original y traducidos, así como biografías y reseñas. Con gran gusto vi que los familiares del desaparecido caballero don Enrique Bours, que formó también una rica colección, la habían cedido a la misma institución y la Biblioteca Musical creció de modo notable.
Estoy invitando a los lectores de esta columna a que la visiten pero no sé si esto es correcto pues la discoteca ya no es mía. ¿Debo pedir al Centro Comunitario a que haga la invitación? ¿O al Instituto Sonorense de Cultura? ¿O al Ayuntamiento de Álamos? Se lo pido a los tres a ver si uno me hace caso.
Me haría dichoso enterarme de que alguien va a buscar un aria que escuchó cantar la noche anterior para gozar de nuevo de la música o para decidir, mediante la comparación, si el cantante de la víspera lo hizo bien o sólo regular. También se me ocurre que un experto podría dar cátedra en el recinto de Juárez 2.
En fin, mis viejas piernas no sirven ya para ir a recorrer las calles de Álamos, como antes, pero no me impiden soñar en que la discoteca que me dio horas felices hace igualmente felices a varones y mujeres que no conozco.
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