Cuando muere un personaje surgen como por magia montones de ofrecidos para escribir la biografía. Cuando asesinaron a Luis Donaldo Colosio brotaron en todo el país biografías que nadie les había solicitado. Aquí hubo un escritor que en plena presentación de su libro confesó que no había conocido a Luis Donaldo. Ahora que hemos perdido al doctor Samuel Ocaña surgirán muchos que aspiren a biografiarlo, unos con buena intención, otros para ganarse una latina
Por lo que hasta hoy se ha publicado, es notorio que hay grandes lagunas respecto de su vida. Unos aseguran que siempre estuvo afiliado al PRI, otros que fue miembro del Partido Popular y hay testimonio (en mis manos) de que fue joven orador en un mitin a favor del general Miguel Henríquez Guzmán, candidato a la Presidencia de la República por la Federación de Partidos del Pueblo Mexicano en la elección que ganó don Adolfo Ruiz Cortines.
Varios han ofrecido una larga relación de los logros de Samuel en el rubro de obras materiales, pero ninguno ha recordado las dificultades que enfrentó con Casimiro Navarro al triunfar el PAN en el Municipio de Hermosillo, el conflicto con el embajador de los Estados Unidos en México (originario de Cócorit) y su distanciamiento del clero sonorense.
Hay que hablar de su lucha para lograr que su sucesor fuera un político local, adaptado a nuestros calorones, muy lejos de la personalidad aguachada de Rodolfo Félix Valdés, escogido por el PRI nacional.
El biógrafo de Samuel Ocaña debe ser alguien que haya sabido penetrar en su personalidad, que nos pueda explicar por qué se negó a dar entrevistas a la prensa mientras fue “ex”, cómo estuvo su diferencia con Eduardo Bours que lo hizo renunciar a la rectoría de la Universidad de la Sierra y cómo se desarrolló su acusación contra Biébrich por las raterías de éste.
En fin, no habrá que confiar con el aventado que le entre a la tarea sin más ni más, a menos que sus credenciales de biógrafo sean positivas.
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