La portada del libro, recién publicado este año, cuenta con sencillez la historia. De una puerta cuelga el “6 ½”, parte del espacio de la Escuela de Letras de la Universidad, en donde un grupo de estudiantes tallereaba sus primeros trabajos literarios.
Los orientaban los maestros José Sapién Durán y Francisco González Gaxiola, y a veces se agregaba Darío Galaviz Quezada. Cinco de aquellos chicos (entonces) y una chica, encienden en estas páginas sus recuerdos y ofrecen una muestra de lo que han sembrado y cosechado. .
Pancho González describe así la época en que comenzó el cultivo de talentos: “Las décadas de los setenta y ochenta del Siglo XX fueron para nuestro Estado de Sonora y en especial para Hermosillo, idílicamente pacíficas”. En1974 algunos estudiantes iniciaron la lucha armada, que consideraron el medio para realizar sus ideales. El cumplido agente “Moralitos”, que cuidaba a los niños al cruzar la calle Rosales, fue asesinado para robarle la pistola, y desde un camión Alberto Guerrero disparó y mató a otro agente, En distintas acciones cayeron los estudiantes José Shepperd Vega y Andrés Peña Dessens. ¿Para que entrar en detalles? Supongo que las detonaciones que causaron la masacre de campesinos en Río Muerto, el 25 de octubre de 1975, no fue escuchada en el aula 6 ½. Mejor achiquemos el periodo de pacifismo idílico.
Los poetas que se formaron en el aula citada, que aparecen en esta edición de Minilibros, son Conrado Córdova Trejo y Patricia Robles Payán, que ocupan el mayor número de páginas; la segunda se había inscrito en otra carrera pero algo como intuición le enderezó la vocación. Fue también el caso de Armando Zamora, que apuntaba para Matemáticas pero se le atravesó la Escuela de Altos Estudios.
Añadamos a Arturo Valencia Ramos, Miguel Enríquez Durán, Lauro Paz, cuya participación es un ramillete de dulces narraciones. Junto a las muestras de poesía o de prosa de estos autores se da información sobre sus publicaciones, y parece evidente que las de Armando Zamora no cupieron en el espacio reservado, pues faltan, entre otras, “Nos vemos en la melancolía, Luis Donaldo” y la novela “El que se raje es puto”
El aula 6 ½ tiene otra historia que ojalá se cuente alguna vez. Luego de haber dado albergue a jóvenes talentosos que hoy son reconocidos literatos, se convirtió en vivienda de estudiantes que carecían de hospedaje, y que durante un tiempo ahí cocinaban, dormían, lavaban y tendían su ropa. No pocas veces los demás alumnos, varones y mujeres, vieron orearse en los tendedores calzoncillos y calcetines de los huéspedes a la fuerza. No era un espectáculo poético, pero…
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